Turismo cultural y educación rural: La finca Familia
Londoño Londoño como eje de aprendizaje situado en
Barro Blanco, Medellín
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Cultural Tourism and Rural
Education: The Londoño Londoño
Family Farm as a Situated Learning Hub in Barro
Blanco, Medellín
Mauricio Londoño Londoño
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RESUMEN
En territorios rurales con fuerte arraigo cultural, el turismo se ha
consolidado como una estrategia de desarrollo integral que trasciende lo
económico. Este artículo analiza cómo las fincas silleteras, y en particular la
finca Familia Londoño Londoño en la vereda Barro
Blanco (Medellín), pueden convertirse en espacios pedagógicos no formales donde
convergen la educación rural, la identidad cultural y el aprendizaje situado.
Mediante un enfoque cualitativo y revisión de literatura, se examina la
relación entre turismo cultural, pedagogía contextualizada y cohesión social.
Se plantea que estos espacios turísticos, gestionados por familias locales,
actúan como nodos de memoria viva y escenarios de transmisión intergeneracional
de saberes, los cuales pueden ser integrados estratégicamente por las escuelas
rurales mediante proyectos pedagógicos territorializados.
Esta experiencia ofrece un modelo replicable para otros contextos rurales que
buscan articular educación, cultura y sostenibilidad.
Palabras Clave: Educación Rural,
Aprendizaje Situado, Turismo Cultural, Identidad Cultural, Comunidad Rural.
ABSTRACT
In rural territories with deeprooted cultural
identity, tourism has become a comprehensive development strategy that
transcends economic dimensions. This article analyzes how silletera
farmsparticularly the Londoño
Londoño Family Farm in Barro
Blanco (Medellín) can serve as nonformal
pedagogical spaces that integrate rural education, cultural identity, and
situated learning. Through a qualitative approach and literature review, the
article examines the relationship between cultural tourism, contextualized
pedagogy, and social cohesion. These tourist spaces, managed by local families,
function as living archives and intergenerational learning hubs, which can be strategically
integrated into rural schools through territorialized pedagogical projects.
This experience presents a replicable model for other rural contexts seeking to
align education, culture, and sustainability.
Keywords: Rural Education, Situated Learning, Cultural
Tourism, Cultural Identity, Rural Communities.
Introduction
En los territorios rurales de Colombia, la educación
ha enfrentado históricamente una doble tensión: la dispersión geográfica y las
limitaciones en el acceso a recursos básicos, junto con una escasa conexión
entre el currículo escolar y los saberes locales. Esta desconexión ha dado
lugar a prácticas pedagógicas descontextualizadas, desvinculadas de la realidad
cultural de las comunidades, lo cual impacta negativamente tanto en la
permanencia escolar como en la construcción de identidad. Ante esta situación,
la educación situada surge como una alternativa que promueve el aprendizaje
contextualizado, integrando los saberes del entorno a los procesos formativos. Según Lave y Wenger (1991), el conocimiento
no puede entenderse al margen del contexto social en el que se genera, por lo
cual toda experiencia educativa adquiere sentido en la medida en que se ancla a
las prácticas cotidianas de
los estudiantes.
En este sentido, autores como Díaz Barriga (2006)
han señalado que el aprendizaje situado no solo facilita la apropiación del
conocimiento, sino que puede transformar realidades sociales cuando se parte
del reconocimiento de saberes populares, prácticas culturales y lenguajes
propios de cada comunidad. Esto adquiere especial relevancia en
zonas rurales, donde cultura, territorio y economía se entretejen en la vida
diaria. Como plantean Salazar y Vargas (2018), el entorno rural no debe ser
visto como una limitación para aprender, sino como una oportunidad para
resignificar la escuela como un espacio que dialogue con ese entorno.
Un ejemplo que ilustra esta perspectiva es el de la
vereda Barro Blanco, ubicada en el corregimiento de Santa Elena, en Medellín.
Allí, la cultura silletera reconocida hoy como patrimonio inmaterial de la
ciudad ha transitado de ser una práctica campesina a constituirse en una forma
de turismo cultural con alto valor simbólico y económico. En este contexto, la
finca turística Familia Londoño Londoño se ha consolidado como un lugar donde convergen el patrimonio
cultural, la memoria oral, la producción agrícola y la enseñanza
intergeneracional. Las visitas guiadas que ofrece no solo generan ingresos para
la comunidad, sino que también permiten que niños, jóvenes y adultos conozcan
la historia de los silleteros, el proceso de clasificación de flores y el
armado de silletas.
Aunque estas actividades no forman parte del sistema
educativo formal, tienen un claro valor pedagógico. A través del contacto
directo con las prácticas culturales del territorio, quienes participan acceden
a un tipo de conocimiento que combina lo académico con lo experiencial. Como
argumenta Bonilla Molina (2021), cuando estas formas de educación popular se
reconocen y sistematizan, pueden integrarse de manera formal a los proyectos
escolares, enriqueciendo el aprendizaje y potenciando el desarrollo local.
Asimismo, la relación entre turismo cultural y educación rural abre la puerta a
modelos pedagógicos replicables en otros contextos, donde la escuela deje de
ser un espacio aislado para convertirse en una institución que interactúa con
la cultura y la economía del territorio.
Este artículo se propone analizar el caso de la finca Familia Londoño
Londoño como un ejemplo de articulación entre turismo, cultura y educación,
a partir de una revisión de literatura y de referentes presentes en
investigaciones sobre educación rural, pedagogía situada y turismo cultural. Se
argumenta que estas iniciativas pueden mejorar la calidad educativa en zonas
rurales, reforzar la identidad cultural y generar estrategias de desarrollo
local sostenibles
Materials and
methods
Este artículo se
enmarca dentro de un enfoque cualitativo de tipo documental, centrado en la
revisión y análisis de fuentes académicas que abordan la interrelación entre
turismo cultural, educación situada e identidad rural. Se parte del supuesto de
que el turismo no solo puede entenderse como un fenómeno económico, sino
también como un proceso simbólico y pedagógico que transforma los territorios.
Para ello, se retoman aportes de la pedagogía crítica, la educación rural
contextualizada y las experiencias de turismo comunitario.
La fuente principal de
análisis es la tesis doctoral de Mauricio de Jesús Londoño Londoño,
titulada Educación situada, una oportunidad para mejorar la calidad de vida de
las regiones desde la valoración de su cultura (caso cultura silletera de la
vereda Barro Blanco del Corregimiento de Santa Elena), en la que se documenta
la experiencia educativa en Barro Blanco y el papel de las fincas silleteras
como espacios generadores de conocimiento, memoria y cohesión cultural. Esta
investigación sistematiza relatos de vida, procesos comunitarios y prácticas
pedagógicas que evidencian cómo el Centro Educativo Juan Andrés Patiño ha
articulado su propuesta educativa con los saberes y expresiones culturales del
territorio.
Asimismo, se
consultaron estudios de autores como McLaren (2005), Bonilla Molina (2021),
Díaz Barriga (2006) y Trilla (2009), quienes han investigado sobre pedagogías
emancipadoras, aprendizaje situado y educación no formal. Estas fuentes
permiten fundamentar la idea de que espacios como la finca Familia Londoño Londoño pueden convertirse en escenarios educativos
complementarios a la escuela tradicional, favoreciendo procesos de apropiación identitaria, resiliencia comunitaria y construcción de
conocimiento situado.
Results
La finca como espacio de memoria cultural
La finca Familia Londoño Londoño, ubicada en la
vereda Barro Blanco y habitada por una familia tradicional silletera, se
configura como un espacio donde la memoria se materializa en objetos, relatos y
prácticas cotidianas. Las visitas guiadas a esta finca incluyen explicaciones
sobre el origen de las silletas, el rol de los silleteros en la historia de
Medellín. Y la evolución de la cultura campesina local. Estos relatos
transmitidos por miembros de la familia anfitriona, constituyen lo que Jeilin (2002) denomina memoria activa, es decir, una forma
de narrar el pasado que fortalece el sentido de pertenencia y proyecta
identidad.
Los visitantes, en su mayoría turistas nacionales y escolares, acceden a
un conocimiento que no está mediado por libros de texto, sino por la
experiencia directa con los actores culturales. Las herramientas agrícolas, los
jardines de flores, las fotografías antiguas y los testimonios orales forman
parte de una museografía viva que dialoga con el presente. En este sentido, la finca cumplió una función pedagógica
a la medida en que convierte la memoria familiar en patrimonio colectivo,
accesible y compartido.
Aprendizajes situado a través del turismo cultural
Durante las jornadas turísticas, los participantes se involucran
activamente en prácticas como la selección de flores, el armado de silletas y
la escucha de relatos que explican el vínculo entre la naturaleza y la cultura
silletera. este tipo de experiencias
responde a lo que Lave y Wenger (1991) definieron
como aprendizaje situado una forma de adquisición de conocimiento que se
produce en contextos reales de interacción social a través de la participación
legítima y progresiva en educación transmiten saberes
tradicionales a públicos diversos. Estas
interacciones permiten que los visitantes comprendan el valor de los saberes
campesinos y reconozcan su vigencia en un contexto urbano y globalizado.
Además, el hecho de que los jóvenes de la vereda participen en la actividad
turística refuerza los procesos de transmisión intergeneracional del
conocimiento, fortaleciendo el tejido comunitario.
Articulación Escuela-Cultura-Territorio
Aunque la educación formal en el corregimiento de Santa Elena ha comenzado
a incorporar proyectos pedagógicos relacionados con el entorno, aún persiste
una distancia entre el currículo escolar y los saberes culturales del
territorio. En entrevistas realizadas a docentes del Centro Educativo Juan
Andrés Patiño, se identificó que si bien algunos educadores desarrollan
actividades que reconocen la cultura silletera, estas no hacen parte
estructural del proyecto educativo institucional, sino de iniciativas
individuales. No obstante, la experiencia de La finca Familia Londoño Londoño abre la posibilidad de consolidar una propuesta
pedagógica territorializada que integre el patrimonio
cultural como eje transversal de formación.
Como lo sugiere UNESCO (2009), el reconocimiento del entorno como recurso
pedagógico no solo promueve aprendizajes más significativos, sino que
contribuye a la sostenibilidad del desarrollo local. Vincular la escuela a estos espacios culturales permitiría fortalecer el
currículo con contenidos contextualizados, desarrollar competencias ciudadanas
e identitaria y fomentar el diálogo entre
generaciones. Los hallazgos del presente
estudio permiten vislumbrar un modelo replicable e integración entre turismo
cultural y escuela rural, en el que la finca, el aula y la Comunidad funcionen
como un sistema educativo extendido. Esto requiere voluntad institucional,
formación docente con enfoque territorial y apertura pedagogías no
convencionales que valoren los saberes comunitarios como base del aprendizaje.
Conclusions
La experiencia de la finca Familia Londoño Londoño,
en la vereda barro blanco, permite demostrar que el turismo cultural no debe
reducirse a una lógica de consumo simbólico ni a la simple exposición de
prácticas tradicionales ante visitantes. Por el contrario, cuando está
gestionado desde el arraigo familiar, la conciencia territorial y el deseo de
compartir saberes, este tipo de turismo se transforma en una herramienta
pedagógica con gran potencial para la educación rural. La sistematización de
esta experiencia evidencia que los espacios comunitarios pueden actuar como
entornos educativos legítimos, donde el aprendizaje se da a través del contacto
directo con la cultura viva, favoreciendo la comprensión situada del
conocimiento y su vinculación con el entorno cotidiano. Uno de los principales
aportes de esta práctica, su capacidad para preservar y revitalizar la memoria
colectiva a través de la oralidad, los oficios tradicionales y la participación
activa de distintas generaciones. Al permitir que jóvenes y niños se involucren
en actividades turísticas que exaltan su identidad cultural, se promueve una
pedagogía del reconocimiento que fortalece tanto la autoestima individual como
el tejido comunitario.
La finca no solo funciona como un espacio productivo o recreativo, sino
como un escenario de formación integral donde se combina la historia, la
creatividad, la cooperación intergeneracional y la reflexión crítica sobre el
territorio. Esta dimensión pedagógica ha sido históricamente incivilizada por
el sistema educativo formal, pero cobra una relevancia renovada cuando se
integra enfoques educativos que reconocen la diversidad cultural y territorial
del país.
Por otro lado, el análisis de las
relaciones entre la escuela rural y estas iniciativas comunitarias revela una
necesidad urgente de avanzar hacia modelos pedagógicos que superen la
desconexión entre el currículo y la realidad local. Aunque algunos docentes ya
incorporan elementos de la cultura silletera en sus proyectos de aula, estas
acciones no han sido formalizadas en los planes de estudio ni reconocidas
institucionalmente como parte del currículo oficial. Esta brecha refleja una
visión a un centralista y urbana de la educación que subvalora los saberes
locales y limita el potencial de las comunidades para educar desde sus propias
lógicas culturales.
En este contexto, la articulación entre Escuela, Cultura y territorio se
plantea no solo como una estrategia didáctica, sino como un acto de Justicia
epistemológica que reconoce otras formas de producir y transmitir conocimiento.
Integrar el turismo cultural como recurso pedagógico en los proyectos
educativos institucionales permitiría resignificar los PEI, enriquecer los
contenidos escolares con experiencias vivenciales y abrir las puertas de la
escuela de actores comunitarios que tienen mucho que enseñar. Para ello, es
indispensable que las políticas educativas nacionales y territoriales
reconozcan y respalden la pertinencia de estas alianzas, promoviendo marcos
flexibles que permitan la inclusión de pedagogías no convencionales, así como
procesos de formación docente con enfoque intercultural y territorial. Del
mismo modo, se requiere voluntad institucional para fortalecer el vínculo entre
los establecimientos educativos y las iniciativas comunitarias, construyendo
puentes que favorezcan la participación y la corresponsabilidad y el
aprendizaje dialógico.
Finalmente, el estudio permite concluir que el caso de La finca Familia
Londoño Londoño constituye un modelo replicable para
otros territorios rurales con potencial turístico y patrimonial. Esta
experiencia puede orientar la formulación de políticas públicas que integren
desarrollo cultural, educativo y económico de manera sostenible, promoviendo
una visión de la educación como proceso integral situado y comprometido con las
realidades de cada comunidad. Apostar por la pedagogía territorial En este
sentido, no solo mejora los aprendizajes escolares, sino que refuerza el
sentido de pertenencia, fomenta la identidad cultural y contribuye a la
construcción de un país más equitativo y plural.
References
Bonilla Molina, L. (2021, mayo 18). El
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Lave,
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Londoño Londoño, M. de J. (2025). Educación
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desde la valoración de su cultura (caso cultura silletera de la vereda Barro
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Trilla, J. (2009). La educación no formal. Ariel.
UNESCO. (2009). Aprendizaje a lo largo de toda la vida y desarrollo
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América Latina y el Caribe.